—¿¡Sir Williams!? —llamó Charlotte con entusiasmo.
La puerta se abrió desde el otro lado y Williams entró apresuradamente, con una expresión de preocupación.
—¿Estás bien? —preguntó inquieto.
—Sí, solo que llevo casi diez minutos encerrada aquí. Debiste ver mis llamadas perdidas —respondió, intentando parecer tranquila, aunque por dentro tenía unas ganas enormes de lanzarse a sus brazos.
—No, no tenía el teléfono conmigo. Se estaba quedando sin batería, así que se lo di a una de las doncellas p