Capítulo 37. La mejor noche de su vida.
Todo parecía una mentira. Ambos habían deseado ese momento por tanto tiempo, que simplemente era un sueño en ese instante. Como por arte de magia, los nervios y la ansiedad desaparecieron, dando lugar a la calma y a esa agradable sensación que afloraba cada vez que ellos se acariciaban. Esa dulce paz, en la que Elizabeth envolvía a Noah, cuando sus manos se entrelazaban y cada uno buscaba refugio en la mirada del otro, sabiendo que allí nada malo podía pasar.
La respiración agitada de los dos y