Capítulo 36. Y pasó.
Noah tuvo que esperar a que su miembro dejara de estar despierto, cosa que le hizo gracia a Elizabeth, más que todo porque nunca por su mente pasó que él se sintiera de la misma manera que ella. El deseo era evidente, solo que los miedos a ambos les ganaba.
Pero todo en la vida tenía un límite y ellos habían llegado al suyo.
El beso que se dieron en el restaurante había sido especial para los dos, sus carnosos labios se habían vuelto en una adicción por la que daría lo que fuera por volver a