Capítulo 8: El Expediente que lo Cambió Todo
Rafael
Llegué a la oficina antes de las ocho, como siempre. Monteiro Enterprises ocupaba los últimos pisos de un rascacielos en el corazón de Wall Street, con vistas capaces de intimidar incluso a los competidores más feroces. Mi asistente, Marcos, ya me esperaba en la sala de reuniones contigua a mi despacho ejecutivo, con una carpeta delgada en la mano y una expresión neutra que conocía demasiado bien: malas noticias disfrazadas de hechos.
—Buenos