Capítulo 46: Castillo de Naipes
Rafael
El silencio de la suite principal en la Toscana debería haber sido relajante, pero para mí sonaba como el tic-tac de una bomba de relojería. Laura dormía plácidamente a mi lado, con un brazo extendido sobre la almohada y el cabello esparcido como seda oscura sobre las sábanas. Parecía tan en paz, tan ajena al abismo que acababa de abrirse bajo nuestros pies, que sentí una punzada lacerante en el pecho.
Me quedé observándola durante un largo rato. Su respir