Capítulo 109: El Sello del Para Siempre
Rafael Monteiro
Abrí los ojos sintiendo el peso de una noche mal dormida en un sillón de hospital, pero la imagen que tenía frente a mí disipó cualquier molestia física. Laura estaba despierta, observándome con una ternura que hacía arder mi pecho.
La luz de la mañana londinense entraba por la ventana, iluminando el hematoma de su rostro, un cruel recordatorio de todo lo que había pasado, pero el brillo de sus ojos era de puro alivio.
—Buenos días, mi amo