Capítulo 30 —Es un mafioso, lo llaman el Diablo…
Narrador:
Aylin se puso de pie, con las piernas más temblorosas de lo que le hubiera gustado admitir. Roman no se movió, pero su mirada la siguió, oscura, expectante, caminó lentamente hasta la puerta. Cada paso era una sentencia. Cerró los dedos alrededor del picaporte, giró el seguro.
El sonido metálico se sintió como un eco en el silencio de la oficina.
Aylin no volteó de inmediato. Se quedó allí, de espaldas a él, sintiendo el peso invisible