La respiración de ambos salía pesada, descontrolada y caliente, creando una electricidad tan intensa en el pasillo que parecía a punto de hacer explotar el cableado de la casa. Él parecía un depredador acorralado; yo, una testaruda profesional.
— Me iré — cedí de repente, tragando saliva y levantando la barbilla con todo el orgullo que me quedaba. — Pero debes saber que solo me voy hoy porque me lo estás pidiendo de rodillas.
— No he pedido absolutamente nada — replicó secamente, aunque su mira