— Elena... — su voz salió totalmente rasgada.
— Shhh. Silencio.
Llevé el índice a mis labios, ordenándole callar. Y calló. El gran CEO billonario obedeció sin chistar.
Caminé hacia él extremadamente despacio. Mis caderas balanceándose a cada paso, mis pechos moviéndose ligeramente, mi piel erizada por el aire frío y el deseo.
— ¿Quieres esto? — pregunté, deteniéndome a un milímetro de sus rodillas.
— ¿Querer qué?
— Esto — señalé mi propio cuerpo desnudo. — Todo esto.
— Sabes perfectamente que l