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El fin de semana había pasado como un abrir y cerrar de ojos y el bendito lunes había llegado de nuevo.
La mañana, como puedo decir, turbulenta, del tipo que me hizo llegar tarde para llevarlos al colegio. Ataron mis manos a la cabecera de la cama, y eso me hizo preguntarme seriamente si estoy muerta cuando duermo, para no sentir que alguien me toca. Esto definitivamente no es bueno para mí en todos los sentidos, pero bueno... imagínate: yo, atada a la cama, sin poder soltarme, y su padre