El estrépito metálico y seco de la porcelana rompiéndose contra la caoba resonó por todo el comedor.
—¿Le diste las llaves maestras? —la voz de Sasha se quebró, con la garganta apretada por una mezcla de rabia e incredulidad absoluta. Se agarró al borde de la mesa del comedor, mirando a su marido como si le hubiera entregado a la niñera las escrituras de la finca—. ¡Theo, ella es parte del personal doméstico! ¡Ella cuida a nuestra hija! ¡¿Por qué demonios necesita acceso total de seguridad a to