La pequeña varilla de plástico se sentía increíblemente pesada en mi mano temblorosa. Dos líneas rosadas perfectamente definidas ardían bajo la tenue luz del cuarto de baño principal.
Estaba embarazada.
Una vida diminuta y frágil estaba creciendo dentro de mí, nacida de aquella única noche en la que creí que mi esposo me amaba. Lágrimas de emoción intensa y abrumadora resbalaron por mis pestañas y cayeron sobre mi bata de cachemira.
A pesar de las crueles palabras que Sasha me había escupido en