Alertada quizá por alguno de los trabajadores de la mansión sobre la llegada de una niñera sustituta que bien podía competirle, sino quitarle, sus posibilidades con Mario Aristizábal, Rebeca regresó a trabajar el lunes, momentos antes de que Luisa saliera con los trillizos hacia el colegio.
Luisa supo que era ella tan pronto la vio bajarse del taxi que la llevó a la mansión. Era una mujer de alrededor de veinticinco años, muy elegante, quizá demasiado para ser una niñera. Vestía una falda tipo