Luisa ya estaba acostando a los trillizos cuando reconoció la voz de su hermana y tuvo que controlar a los tres pequeños para que no salieran de la habitación con la intención de saludar a Viviana.
—Mañana la podrán ver —dijo Luisa en el momento en que se interpuso entre los tres hermanos y la puerta de la alcoba—. Ahora deben descansar, o no habrá quién sea capaz de levantarlos mañana.
—Pero… —Iba a protestar Jacob cuando su mirada se cruzó con la de Luisa que, pese a que lo seguía mirando co