52. SIN QUERER ALEJARME DE ELLA.
Arthur
Mientras me vestía para ir a dejar a la Lía, sentía un nudo en el estómago. No quería que ella se fuera, aunque sabía que no era definitivo.
"No será mucho tiempo", me repetía, como si esas palabras pudieran calmar el vacío que anticipaba. Sin embargo, no podía evitar pensar en mis hijas. Ellas adoraban a Lía, pero desde que se tomó la decisión de que se quedaría un tiempo con sus padres, habían cambiado. Lucrecia me dijo que las niñas lloraban en su habitación y que se negaban a acercar