32. Él IMBÉCIL REGRESO.
Lia.
Todo pasó tan rápido que apenas tuve tiempo para reaccionar. Ahí estaba José Luis, de pie frente a mí, sudoroso, con una mezcla de desesperación y arrepentimiento en la mirada. Era la primera vez que lo veía en más de un año, desde que lo eché de mi vida y pensé que jamás lo volvería a ver. Pero el muy cobarde había vuelto, y ahora rogaba ayuda. ¡Qué descaro!
—Lía, por favor, escúchame… Tenemos que hablar —me suplicó, con una voz que alguna vez fue capaz de derretirme, pero que ahora me dab