31. HARE QUE SE ALEJE DE ÉL.
Nadia.
Me encontraba molesta, dando vueltas en aquel cuartucho sombrío y húmedo que apenas se sostenía en pie. Las paredes, llenas de manchas de humedad, parecían cerrarse sobre mí, atrapándome en la miseria de mis propias decisiones. Frente a mí, José Luis, ese hombre con el que alguna vez pensé que podría tener un futuro, estaba desesperado, buscando frenéticamente una manera de escapar de su última metida de pata.
—¿Cómo es posible que hayas vuelto a hacer otro fraude, José Luis?—Replique co