Llegó el tío de Camilo.
—Vengan, sujeten a esta mujer loca.
Varios hombres vestidos de guardias rápidamente sometieron a Rosa.
—¡Qué bien, ya andas revolcándote con otros hombres tan rápido!
—Ya le dije a Javier que no lo tienes en tu corazón, que no vale la pena que sufra por ti. ¡Mira qué rápido ya tienes quien te proteja, puaj, qué par de perros!
—Señorita, te pido que cuides tu lenguaje; esto es una escuela.
—¿Tú qué eres de ella? No necesito que me andes controlando. Rosa tenía cara de desp