Punto de vista de Cole
Regresé a mi oficina con la mandíbula tan apretada que me dolía.
Intenté trabajar. Dios sabe que lo intenté.
Los correos electrónicos no recibí respuesta. Los documentos estaban a medio leer. Mi asistente entró dos veces para preguntarme si me encontraba bien, y dos veces la despedí con un gesto entrecortado y una sonrisa falsa. Firmé donde me indicó. Aprobé lo que me pidió. Pero mi mente no estaba allí.
Y después de unas horas de obligarme a hacer tareas sin sentido, me