Fiorela y Benjamín estaban juntos; ella se sentía profundamente protegida en sus brazos. Él la tomó de la mano y la llevó a la cama, la acostó con delicadeza y empezó a quitarle la ropa lentamente. Ella estaba como hipnotizada; todo lo que Benjamín hacía resultaba indiscutible para ella. Él comenzó a besar sus pechos y su cuello; Fiorela se dejó arrastrar por el placer y nuevamente hicieron el amor. Se quedaron dormidos abrazados, disfrutando de su sueño compartido, cuando de repente alguien