Matt miró la pastilla de color blanco reposando en su palma. Un analgésico. Una solución temporal para un dolor que no era enteramente físico. El alcohol había sido su anestesia, una forma de silenciar el ruido ensordecedor de su propia culpabilidad y su terca negación. Se llevó la pastilla a la boca y tragó el agua de un sorbo, sintiendo cómo el frío líquido raspaba su garganta seca.
Las palabras de su madre, "tienes que recuperar tu vida Matt, aun estas a tiempo", flotaban en el aire como