**Lyra**
Todavía podía sentir el vapor de la ducha aferrado a mi piel cuando salí envuelta en una toalla y empecé a preparar algo para comer con las pocas provisiones que quedaban.
El lugar olía a madera húmeda y té de hierbas viejas, y aunque el hambre me retorcía el estómago, mi mente seguía nublada por todo lo ocurrido.
Mikail... siempre él. Siempre enredándolo todo.
El golpe en la puerta me sobresaltó.
—¿Quién…?
No alcancé a decir más. Apenas abrí, Mikail irrumpió como una torm