CAPÍTULO 37: ÉL NO ME CREE
Akira y Thane descansaban en la entrada de la cueva, mientras escuchaban el eco distante de la cascada a su alrededor. La tensión de las últimas horas aún flotaba en el aire, mezclándose con el aroma a tierra mojada y agua fresca que emanaba del río cercano.
Thane yacía en el suelo de piedra, pero su respiración era irregular y superficial. La herida en su hombro apenas y había comenzado a cerrarse, pero la piel permanecía roja, sangraba levemente y ardía con un dolor