Mientras el día avanzaba, la presencia de los visitantes se hacía más notoria.
Las risas y conversaciones en los salones llegaban hasta la habitación de Rachel, donde ella se sentía más aislada que nunca.
Cada vez que escuchaba la voz de la pelirroja o la risa profunda de los hombres, un nudo de ansiedad se formaba en su estómago.
Se removió inquieta, convencida de que esas personas habían llegado para hacer su estancia aún peor de lo que ya era.
—Esa mujer que no me agrada para nada y lo pe