Ilan
La luz matutina iluminó de forma tenue el dormitorio, y el trinar de las aves me recordó que estaba en casa. Siempre había valorado mi vida y todos mis privilegios, pero ese día parecía ser más consciente de ellos. El simple hecho de respirar aire puro, de poder sentir algo más que el dolor y la desesperanza recorriendo mi cuerpo, eran cosas dignas de agradecer.
La suavidad de mi cama me incitaba a quedarme acostado un rato más, pero sabía que tenía mucho trabajo por hacer: debía ponerme a