Salí del agua para tratar de trepar por las colinas, si conseguía perderme entre ese bosque, podría escapar de las garras de Athius.
Fui ilusa de pensar que podría escaparme de un lobo de la manada real. El lobo saltó sobre mí sin que pudiera verlo siquiera, tumbándome, rasguñándome y cortando mi piel.
—Te odio… ¡Los odio a todos! —grité, gruñendo, tratando de incorporarme para pelear.
Percibí el ardor cerca de mi cuello. Las garras de Athius estaban manchadas con una poción.
—Me has envenenado