LENI
La sala de estar estaba impregnada de una tensión palpable. Me encontraba en el centro de una tormenta emocional, enfrentándome a Ardian. Mis manos temblaban, no de miedo, sino de furia.
—¡No puedes hacer esto, Ardian! —grité, sintiendo cómo mi voz resonaba en las paredes—. ¡No quiero más muertes en nuestra lista!
Ardian no se inmutó. Su mirada era de acero, su determinación, inquebrantable.
—Es mi decisión —respondió firme—. No dejaré que nadie me detenga. Silver morirá, y haré lo q