ARDIAN
—¡Leni! —grité, sintiendo que la tierra temblaba bajo mis pies mientras corría hacia ella.
Su cuerpo yacía inconsciente en el suelo, y cada pulso de mi corazón resonaba en mis oídos, como si el universo me dijera que estaba en peligro. De repente, la voz de mi lobo interior resonó en mi mente, firme y clara—: Ella es tuya, Ardian. Ahora todo estará bien.
El vínculo entre nosotros se sentía más fuerte que nunca. Era como si una corriente eléctrica fluyera entre nosotros, uniendo nuestras