GRETA
La tormenta rugía en el bosque oscuro, un caos de viento y lluvia que se desataba con una ferocidad casi palpable. Cada gota que caía parecía un recordatorio cruel de lo que estaba en juego, de lo que había perdido. Corría con desesperación, mis pies resbalando en el barro, el aliento golpeando en mi pecho como un tambor de guerra. Estaba embarazada, y cada movimiento que hacía era un recordatorio de la vida que llevaba en mi interior, una vida que estaba en grave peligro.
—¡No, no puede