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Dos días más tarde.
Moscú, Rusia.
En la mansión de don Gregori Nekrásov.
¡PAF!
Sonó el puñetazo que ese señor mafioso le dió a Vladimir, con tal fuerza que él escupió sangre mientras su mejilla roja se hinchaba rápidamente.
—Me decepcionas Vladimir, ¿cómo putas pudiste extraviar tantas llaves de importancia, incluyendo la tarjeta de la bodega de archivos en San Petesburgo?
Vladimir que se estaba apoyando en uno de los sillones, luego del golpe, guardaba silencio sin saber que d