—No hay nada que hacer. La condición de su madre... señorita, debería despedirse de ella. Podría ser la última vez que la vea.
En ese momento sentí que todo a mi alrededor comenzaba a dar vueltas. Un fuerte zumbido en los oídos y un dolor intenso en la cabeza me abrumaron.
—¡Verónica, mantente fuerte! —gritó Andrés.
Apoyándome en la pared, logré recomponerme y me dirigí a la habitación de mamá.
Allí estaba, dormida como siempre.
—Mamá, despierta, por favor.
Acaricié su mejilla con ternura.
Mamá