Dicho esto, él tomó a Selene del brazo con fuerza, dispuesto a llevársela. Su mirada era fría, y la determinación en su gesto no admitía réplica. Sin embargo, Kayden, lleno de furia y orgullo herido, lo detuvo. Con una voz profunda que resonó en el silencio del bosque, exclamó:
—¡Ella sigue siendo mi Luna! ¡No tienes derecho a decidir su destino! —bramó Kayden, con los ojos llenos de desafío.
La tensión creció rápidamente entre ellos, como una tormenta a punto de estallar. Ambos Alfas, inca