POV de Sienna
La espada ancha tiraba de mis muñecas y los dedos se me acalambraron alrededor de la empuñadura. La respiración me salía corta y desigual. Bloqueé las rodillas y mantuve la columna recta.
Detrás de las costillas, el ancla se movía fuera de ritmo. La amenaza de Riven ya no era solo palabras. Algo en el pecho seguía resbalando, como un nudo que se aflojaba solo.
Riven no me miró. Su dedo golpeaba un ritmo lento contra el pulgar. Uno, dos, tres.
—¿Ya tienes miedo? —preguntó, deteniénd