Ben
Volver a la casa de la manada fue surreal. La manada de Elara, nuestra manada, había sido tan eficiente para reponerse del ataque que la única señal del problema era la propia casa de la manada, tambaleante y chamuscada.
No había nadie tirado por ahí, herido, ni gritos de auxilio ni pánico. Tampoco había miembros del aquelarre o de la manada deambulando. Cada quien tenía una tarea para arreglar todo, y, con todos los defectos del padre de Elara, ese era un legado que él había construido. Una