Elara
Les di instrucciones a todos mis guerreros de mantener a todos cerca de casa. Nada de deambular, nada de viajar, nada de socializar sin necesidad. Pero tampoco quería que la bruja responsable supiera que me había asustado. Mantuvimos la escuela y todas las tiendas abiertas. Lo cual, me di cuenta camino a Colmillo Rojo, era estúpido si nadie podía salir.
Gracias a la Diosa que alguien más conducía. Me dolía la cabeza; la presión de todo se acumulaba detrás de mis ojos.
—¡Detengan el auto! —