—No hueles como ellos —chilló el niño de cabello castaño desde detrás de la pierna de su líder.
—Shh, Gabriel. —La niña le dio un empujón, y ahí tuve mi entrada.
—Bueno, Gabriel, la razón por la que no huelo como ellos es porque no estoy en su manada. No todavía, al menos.
—¡¿Eh?! —Gabriel se apartó del alcance de ella y caminó hacia mí. Le di unas palmaditas al suelo a mi lado.
—Pues resulta que perdí a mi manada y tuve que arreglármelas solo por un tiempo. Algo parecido a lo que les pasó a ust