Kennedy
—¡Oh! ¡Mi niña! ¿Cómo estás? —Sarah se acercó apresuradamente hacia el SUV en el momento en que bajamos. O, mejor dicho, en el momento en que bajó Ryker. Porque él seguía sin querer soltarme. Bennet caminaba tan cerca que me rozaba el pie con cada movimiento del brazo.
—Estoy bien, Sarah. Solo unos cuantos golpes y moretones —respondí. Ryker y Bennet resoplaron al mismo tiempo. Puse los ojos en blanco—. En serio, estoy bien. Mira —señalé mi cara, que ya se sentía mucho mejor—. Estar tan