Diana seguía observando atentamente, intentando asimilar lo que acababa de presenciar.
Un hombre con sombrero arrastraba un saco que parecía muy pesado y del que brotaba sangre, sangre fresca.
Y Diana estaba casi segura de que era sangre humana por el olor que percibía.
Estaba furiosa y quería comprobarlo con sus propios ojos, pero su deseo de llevar una vida normal la frenaba. Porque, si se acercaba a aquel hombre, estaba convencida de que su vida dejaría de ser tranquila. Si realmente se trat