Mi muerte, era como un gran elefante blanco en la habitación. Era imposible de ignorar, pero, lo hacían. Cada miembro de mi familia, fingía no verlo. Por eso, hablar al respecto era tocar una fibra sensible que desmoronaba a todos a su alrededor.
— No digas eso, por favor — pide Curthwulf y yo respiro profundo.
— Sabes que debes pensar en eso. — murmuró y él niega bajando su mirada a mi pierna, mientras, mi pierna se humedece por las gotas de lágrimas que caen de sus ojos.
— Curthwulf, puedes c