Era feliz, porque después de tanto caos, mi vida había llegado en una especie de calma donde el sufrimiento y el dolor, no nos tocaban. Mis hijos, habían superado su parto prematuro de menos de veinte horas para la fecha mínima de los embarazos de hombres lobos.
Los niños estaban conmigo y yo seguía viva. Era como si cada parte y persona que se estaba desviando o pensaban alejarme, volviera a mí y se aferrara de tal forma que fuera imposible pensar que alguno se marcharía.
Sonrío por experiment