La noche ya estaba muy avanzada, pero nadie en la casa de sanación pensaba en dormir, descansar o sentirse cómodo, porque el dolor que había llegado desde la frontera se negaba a esperar hasta la mañana.
Las puertas apenas habían dejado de moverse desde que trajeron a los guerreros heridos, y el aire dentro de la casa de sanación se sentía pesado por la urgencia, el miedo y algo más que nadie podía explicar todavía.
Isabella estaba en el centro de todo, con las manos ya marcadas por el esfuerzo