La semana siguiente al ritual pasó en un borrón de reuniones, negociaciones y tensiones que nunca parecían disminuir completamente.
Aria aprendió rápidamente que crear paz era mucho más difícil que declararla.
Estaba sentada en la sala de conferencias del hotel, rodeada de lobos y cambiapiel que la miraban con mezcla de curiosidad y desconfianza. El vínculo de sangre con Anastasia pulsaba constantemente en el fondo de su conciencia, un recordatorio perpetuo de la conexión que ahora compartían.