El sol de la mañana se filtraba a través de las ventanas del dormitorio de Aria, iluminando el espacio que ya no era tienda temporal sino habitación permanente en la casa que su manada había construido juntos.
Seis meses habían pasado desde la batalla en la cumbre. Seis meses de paz relativa que Aria todavía no confiaba completamente.
Algo se sentía demasiado tranquilo.
Pero esta mañana, no quería pensar en amenazas invisibles. Porque hoy era especial.
Hoy era el día que Lucian había prometido.