La respuesta llegó a las tres de la mañana.
No como mensaje de texto. Como un paquete entregado a la puerta de Aria por un mensajero humano que no recordaría quién lo contrató o cómo llegó allí. Aria lo supo porque el Corazón de Luna pulsó con advertencia momentos antes de que el golpe en la puerta resonara a través de su apartamento.
Lucian, quien se había quedado después de discutir planes para la cumbre, fue quien abrió la puerta. El mensajero era un hombre de mediana edad con ojos vidriosos