61. El plan
Heros frunció el ceño al terminar de leer la carta. Revisó la hora y eran las cuatro y cinco minutos de la madrugada. La situación era extraña e intrigante. Con rapidez se levantó y caminó a la ducha, para bañarse y limpiarse la boca. Al haber acabado, se secó con la toalla su esbelto y marcado cuerpo. Se puso el traje sin ninguna demora. Salió a la sala de estar, donde avanzaba con cautela. Solo había silencio en el sitio, como si fuera una especie de comentario. Divisó en una de las mesas el