43. Gustos perversos
Lacey bajó del ascensor y se dirigió a su escritorio, donde rebuscó hasta hallar su cartera. Ya casi no quedaba nadie, salvo la anciana aburrida. Además, ¿dónde estaba Heros? Si sus pertenencias estaban en su puesto de trabajo. Buscó en varios lugares, pero no lo halló por ningún lado. Arrugó el entrecejo y se agarró la barbilla, era extraño. ¿A dónde se había ido? Y, la única persona que podía decirle dónde estaba era ni más ni menos que la abuela de pelo de antorcha. Lamentó en sus adentros t