39. Peligrosa recompensa
Hestia alzó su dedo índice, provocando que Lacey se quedara callada con simple movimiento. Ya la tenía acorralada, y era el momento justo, para devolver la esperanza, de que todavía no había sido descubierta.
—Ha llegado varios minutos tarde. La impuntualidad no es bien recibida en mi empresa, y menos en la sección administrativa —dijo Hestia, con seriedad y rudeza—. Espero que no vuelva a ocurrir, porque el castigo podría ser severo.
Lacey sintió como si una pesada carga hubiera sido quitada d