38. Cara a cara
El aura que los rodeaba a los dos era la misma, como una diabla y un demonio, que se quemaban en el fuego del infierno, y que tenían la misma maldad.
Heros recorrió con sus manos el dorso de Hestiay, y los llevó hasta los glúteos, y le dio un fuerte apretón las firmes nalgas de corazón, que ella poseía.
—Lo que ordene la señora Haller —dijo él, con complicidad ante lo que hacían.
Hestia le explicó lo que debía hacer y cómo sería que se comportarían a la vista del público. Estaban por salir del