24. La libido
Hestia introdujo dentro de ella la firme virtud, con la que tenía que hacer un considerable esfuerzo para que la cupiera en la boca. Percibió en su paladar un sabor a fresa, debido al lubricante que había utilizado de forma reciente. Usó lengua para degustar el erguido talento, hasta que lo fue tragando cada vez más, hasta tocarle la garganta. Sus ojos se cristalizaron, ante la proeza. Entonces, comenzó a mover su cabeza en repetidas ocasiones, para realizar una diestra y habilidosa felación. A