Al punto de escuchar su torturoso corazón. Era ella, la mujer de mis sueños, la castaña de ojos como la naturaleza de un bosque. La falda que caía sobre sus rodillas se balanceaba de un lado a otro por el inesperado viento. Y la oscuridad del atardecer empezaba a asomarse por los extremos.
Sentí una ira indescriptible, con velocidad golpee al tipo que la tenía sujeta lanzándole en un impacto mortal. Sentí los huesos de su rostro romperse cómo migajas en mis manos.
— Maldito— Esquivé los golpe